Pueblos abandonados escapan al olvido con 'turistas de ruinas'

  • Reciben los fines de semana a senderistas y apasionados por la historia de las pedanías y cortijos deshabitados · Resucitan también en Internet con blogs y páginas que rinden homenaje al pasado

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Tiene que ser tremendo cerrar la puerta sabiendo que con este gesto la vida de donde uno nació acaba. La penuria económica del ocaso minero echó el telón a municipios y pedanías de la provincia sin consideración alguna a nombres tan almerienses como Portocarrero o Marchalico Viñicas. Allí apenas quedan casas en pie, pero sus muros se oponen a dejar traspasar el olvido con tal fuerza que el milagro está ocurriendo. En estas dos pedanías de Gérgal y Sorbas, y en otras zonas de la provincia, vuelven a escucharse pasos por entre las viejas calles. Los pueblos abandonados se están convirtiendo en un atractivo turístico de fin de semana.

Resulta paradójico, pero lo cierto es que el abandono encierra el encanto especial de esa quietud que permite dejar libre la imaginación para revivir a sus gentes por las calles empedradas sobre las que en el pasado anduvo la algarabía de las fiestas. "A veces me comentan que qué hago viendo cuatro casas viejas, pero yo veo algo más, veo su historia, a los niños entrando a la escuela, a las mujeres llenando sus cántaros en la antigua fuente o a los ancianos sentados en los poyos". Su nombre es Faustino Calderón.

Este conductor de limpieza lleva veinte años recorriendo lugares sin vida por toda la geografía española. Lo curioso es que no nació en ningún pueblo ahora deshabitado, ni siquiera sus padres. Es de Madrid capital y comparte el hobby cada vez más en boga de fotografiar estos paisajes de desertificación humana, que luego cuelga en su blog lospueblosdeshabitados.blogspot.com. "Busco información de ese pueblo, intento hablar con la gente que un día vivió en ellos. Es un homenaje que rindo a esos lugares porque tienen memoria y raíces", explica.

Aprovechó las vacaciones del año pasado en Garrucha para visitar pedanías de Almería como Hueli, a diez kilómetros de Sorbas y a donde se puede llegar por una "pista polvorienta en buen estado para todo tipo de vehículos de dos kilómetros".

Además de las indicaciones de cómo llegar a los pueblos, e información útil sobre el grado de accesibilidad, este madrileño recoge la historia de los habitantes, como doña María, la última maestra de la escuela de Hueli que acudía diariamente desde Sorbas subida en una moto conducida por su marido, o de "cómo algunos vecinos de Portocarrero, a ocho kilómetros de Gérgal, se levantaban a las cuatro de la mañana para hacer un trayecto de tres horas diarias andando por la sierra para ir a trabajar a las minas de hierro de Las Menas en Serón, mientras que a las mujeres les tocaba atender la casa, los niños, los animales y los huertos". Nuestra historia.

Potocarrero ha recibido también la visita de Antonio J. Sánchez, almeriense nacido en la capital. Presidente de Cortijo el Fraile, comparte la afición de husmear en lugares deshabitados, la fotografía e Internet. Refleja en su página web, www.muten.es, "ese misterio, el indagar en la historia del pueblo, de cómo se quedó sin sus gentes, el porqué". Sitios como la estación de Doña María, Rambla Encira, Sauco, Los Rojas o Marchalico Viñicas están siendo conocidos por turistas virtuales de España, Europa e incluso de Estados Unidos y Sudamérica. "Es increíble que haya personas en todo el mundo a las que le interese algo tan local como un pueblecito de Almería abandonado", comenta satisfecho.

Fausto Calderón y Antonio J. Sánchez no son dos personajes extraños. Cada vez son más numerosos los aficionados a las escapadas de fin de semana a lugares despoblados. Un punto de encuentro es el Club de Exploradores de Lugares Abandonados, www.clubcela.com, donde pueblos de la provincia comparten espacio con bases militares americanas sin soldados o la mayor fábrica del mundo cerrada perteneciente a la British Motor Company.

No es, para quien lo piense, un turismo de friquis. Ahí están las Minas de Rodalquilar y el poblado minero o Las Menas de Serón, dos potentes atractivos que reciben a legiones de turistas todos los años. Los pueblos abandonados están desplegando un potencial turístico y cultural que no se debe menospreciarse.

Administraciones públicas como la Junta de Andalucía ofrecen rutas de senderismo que incluye pedanías deshabitadas, como la escapada por el Sendero de los Yesares, a la que también se han apuntado ayuntamientos como el de El Ejido. El Patronato de Deportes de esta localidad organiza salidas para grupos de 50 personas que recorren la margen del río Aguas hasta la proximidad de otra pequeña pedanía, La Huelga, donde comienza la subida al Paraje Natural de los Karst en Yeso de Sorbas, pasando por cortijadas totalmente abandonadas como El Tesoro y Marchalico Viñicas, y Los Molinos del Río Aguas, habitada y en proceso de recuperación.

La pedanía Los Moralicos de Turre ofrece rutas de senderismo y cuenta con una página en Facebook con más amigos que habitantes. Un apunte que evidencia la fuerza que está tomando este turismo natural son las cerca de 60.000 visitas que recibió durante 2010 la página web www.senderosdealmeria.wordpress.com.

O éxitos literarios como Entre Limones, donde su autor, Chris Stewar, el primer batería de Phill Collins con Génesis, narra las peripecias para hacer habitable un cortijo abandonado en la Alpujarra granadina; e Historias de la Alcarama, donde el escritor y periodista Abel Hernández recuerda las matanzas y los duros inviernos de su pueblo Sarnago. El autor soriano describe, en una entrevista der Faustino Calderón, esa "belleza esencial de las ruinas, que encierra el alma invisible de los pueblos abandonados".

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