Todo empezó en Bidart

  • La captura del colectivo Artapalo hace 18 años marcó un punto de inflexión en la colaboración francesa en la lucha contra ETA y el ominoso 'santuario' va camino de convertirse en un infierno para los terroristas

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El último golpe relevante de las Fuerzas de Seguridad a ETA hasta el sonado mazazo en Burdeos era la captura del jefe del aparato logístico de la organización terrorista, Juan Cruz Maiza, en junio del pasado año, en Rodez (sureste de Francia). El presidente del Gobierno no dudó entonces en conceder un "sobresaliente" al país vecino por su colaboración, una nota impensable no hace demasiados años, cuando hasta el Rey Juan Carlos ponía el grito en el cielo ante las máximas autoridades galas por un empeño contra la banda tan pírrico que rozaba la indecencia.

Una muestra de la impunidad con la que se desenvolvían los miembros de ETA en Francia en los albores de la Transición en España eran sus brindis con champán en los bares del País Vasco francés para celebrar los asesinatos de la organización terrorista. El ex presidente Adolfo Suárez tuvo que soportar estoicamente la actitud indolente de Valéry Giscard d'Estaing: el problema es de los españoles, que se las apañen como puedan, le venía a decir. No es de extrañar, dado que, por ejemplo, Francia consideraba refugiados políticos a los etarras.

Con la llegada de François Mitterand al Palacio del Eliseo asistimos al punto de inflexión. Es cuando el santuario empieza a convertirse en un lugar incómodo para los terroristas y sus colaboradores. Así, Francia extradita por primera vez (23 de septiembre de 1984) a tres etarras y deporta a Togo a otros cuatro. Ya en la década de los 90, policías españoles empiezan a trabajar en el país vecino sin ser vistos por sus colegas galos. Una situación embrionaria que ahora resulta irrisoria, por cuanto los equipos conjuntos de investigación policial y judicial hispano-franceses que funcionan desde hace varios años están causando estragos en las filas de la banda.

Una colaboración que empezó a cubrirse de gloria cuando gendarmes franceses detuvieron en Bidart al colectivo Artapalo, que manejaba con puño de hierro a la organización terrorista. Un grandísimo éxito que había sido prologado seis años antes cuando las fuerzas de seguridad galas se incautaron en Sokoa, una fábrica de muebles de Hendaya, de un arsenal y abundante documentación sobre la financiación de ETA que causó algún quebradero de cabeza a más de un empresario.

Bidart, Bidart, Bidart... Es uno de los símbolos de la colaboración francesa en la lucha contra ETA, que desde entonces ha ido creciendo como una bola de nieve. Allí fue precisamente apresado, en 2000, Iñaki de Renteria, el relevo del colectivo Artapalo. El antiguo santuario francés se ha convertido decididamente en un lugar peligroso para los miembros de ETA, que siempre podrán recurrir a exilios dorados como Cuba, Venezuela o México.

El gran reto de las fuerzas de seguridad francesas es ahora localizar el taller donde se montaron los coches-bomba empleados en los atentados contras las casas cuartel de Durango y Legutiano.

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