Un espectáculo de vértigo en alemán y con danza flamenca

  • El edificio Torrelaguna celebró su primer acto con el baile de Anabel Veloso y las 'Cantatas alemanas' de Ópera Píccola

Un acontecimiento desde el punto más alto de la provincia. Muchos ejidenses no quisieron perderse el primer acto en el edificio Torrelaguna que acogió dos espectáculos: cantatas alemanas y danza flamenca a 100 metros de altura. Más de 200 personas subieron las 26 plantas para presenciar la actuación de la Compañía de Danza Anabel Veloso y Ópera Píccola.

Después de una ardua labor de los técnicos de Cultura por conseguir los permisos para acoger estos espectáculos, José Lázaro, concejal en funciones del área en el Ayuntamiento de El Ejido, agradeció la posibilidad de inaugurar este espacio, y que fuera el Festival de Teatro de El Ejido el encargado de hacerlo. "Gracias a la empresa promotora y constructora Dórica por ceder el espacio y colaborar con la cultura ejidense, especialmente a Francisco Laguna, su representante y principal colaborador". Sobre los trabajadores de la Concejalía de Cultura: "Siempre demuestran que cualquier cosa es posible".

Este espacio escénico fue un auténtico lujo para los presentes que compraron su entrada para ver los dos espectáculos: "Como ejidense siento emoción y orgullo. Es un lugar privilegiado por las impresionantes vistas del municipio y de parte de la comarca", asegura el edil.

Después de las palabras de Lázaro, Anabel Veloso puso la elegancia en los movimientos con un flamenco dulce. La bailaora taconeaba como si de notas musicales se tratara. Luces rojas y azules creaban una atmósfera diferente que abstraía al espectador.

Cuerpos de seguridad velaban para que todo funcionara con normalidad, mientras el arte seguía en la parte alta de Torrelaguna. Muchos espectadores no esperaron a que acabara el espectáculo y cayeron en la tentación de salir a la terraza para observar las vertiginosas. Después de varios temas del espectáculo Do de pecho, Ópera Píccola comenzó con su concierto de Cantatas alemanas.

La soprano Patricia Paz comenzó con cantatas de Georg Philip Telemann. Su voz melodiosa, pero potente acompañó de forma unísona a los músicos de Ópera Píccola.

Después se procedió a las cantatas de Carl Philip Emmanuel Bach donde la Cantata del Café fue de las que más gustó al público. Según explicó Ana López (flauta), encargada de realizar todos los comentarios: "La historia va sobre una niña que dice: por favor, dejarme tomar café que es lo único que me hace feliz".

También ofrecieron piezas de Georg Friedrich Händel con gran acierto en su ejecución. La soprano descansó mientras sonaba las canciones puramente instrumentales, y volvió al escenario para acabar el concierto con su prodigiosa voz.

Un tema sobre la naturaleza, mientras el concejal miraba atento de pie en un lateral de la sala, donde permanecieron en casi todo el concierto. Al acabar, un fuerte aplauso y cambio de artista, Anabel Veloso volvía con Do de pecho, nuevo vestido y nuevas coreografías. Junto a Alberto Ruiz realizaron coreografías sincronizadas y donde el amor y el desamor jugaban un papel protagonista.

Con un traje amarillo, demostrando que no es supersticiosa, Veloso inmóvil servía de arpa para Alberto Ruiz que tocaba los flecos de su mantón con suavidad y como si fuera este instrumento.

Un acordeón fue uno de los elementos que apareció en la coreografía que sirvió para dar más vistosidad a la escenografía montada por los bailaores. Cada pieza servía para el cambio de vestuario de la artista que demostró su elegancia en la elección de cada prenda. Al acabar este espectáculo de danza, una fuerte ovación para los bailaores por ofrecer un tipo de danza flamenca distinta a la habitual.

Después de estos espectáculos, se ofreció un aperitivo a los presentes y muchos de los asistentes salieron por primera vez al balcón para ver la noche ejidense desde su punto más alto. Este año se está convirtiendo en uno de los más originales por sus espacios escénicos.

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