La fallecida trasplantada de riñón no firmó el consentimiento informado

  • El documento no estaba en el informe remitido por el SAS después de su muerte

"De este riesgo conocido se informa, en todo momento, a los trasplantados y a sus familias cuando entran en lista de espera y firman el consentimiento informado", afirmaba el comunicado remitido por la Coordinación de Trasplantes de Almería, en respuesta y lamentación acerca del suceso ocurrido a Mari Carmen Díaz, a quien le fue trasplantado un riñón con cáncer que terminó con su vida el pasado año.

La familia de la fallecida, tras tener conocimiento de esta información, lamenta la frialdad que refleja el comportamiento de Salud, en primer lugar por basarse en "meros datos estadísticos que son erróneos". Asimismo, Cristóbal Prieto, marido de Mari Carmen, lanza otro mensaje: "Reto al SAS a que me muestre el consentimiento informado de Mari Carmen, ya que cuando solicité toda la información acerca de lo sucedido con mi mujer desde que ingresó para la operación me remitieron todo, excepto éste, el cual no consta que esté firmado, mientras que en el primer trasplante que se le realizó sí que tengo constancia de que mi mujer lo hiciera".

Mari Carmen tenía 38 años cuando murió, después de vivir durante un año a contracorriente con un riñón que le fue trasplantado con cáncer. La misma mala suerte corrió Manuel Jesús Siles, un joven de 31 años que recibió el otro riñón del mismo donante, del que sólo pudo extraerse estos órganos y las córneas. Desde enero de 2006 hasta febrero de 2007, Mari Carmen vivía entre el Hospital Carlos Haya de Málaga y Almería, pero los médicos sólo veían en las complicaciones que sufría Mari Carmen un posible rechazo del riñón. No fue hasta que a Manuel se le detectó el cáncer, ya expandido hacia los pulmones y el cerebro, cuando pensaron que Mari Carmen podía hallarse en la misma situación.

La única respuesta que espera Cristóbal es que su lucha porque introduzcan nuevas medidas para prevenir estos casos sea frutífera. La única razón es su mujer, quien, según él, hubiese hecho lo mismo ya que su espíritu luchador era inimaginable.

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