Una joven maestra del flamenco

  • La ejidense de 31 años, Gloria Pérez, ha trabajado de la mano de grandes de este arte como Carmen Mota, el Pipa y Javier Latorre · Ahora combina dos grandes profesiones, la de bailaora y la enseñanza

El flamenco es un arte vivo, una trilogía: cante, guitarra y baile. La ejidense Gloria Pérez, a sus 31 años, lleva más de un cuarto de siglo dedicada al mundo del baile. Inició su formación, de la mano de los Coros y Danzas de El Ejido, cuando apenas tenía 5 años de edad. Es un arte que lleva dentro, tanto es así que cuando apenas tenía 10 años, "aunque yo todavía no estaba en el Conservatorio Superior, como mis amigas sabían que bailaba, pues en Dalías, donde he pasado años de mi vida, yo enseñaba a mis amigas", recuerda. Aunque según relata ella no lo hacía pensando en dar clases sino en enseñar a sus amigas lo que ella iba aprendiendo, "de hecho las madres de mis amigas se lo tomaban un poco a cachondeo hasta que un día actuamos en el Casino de Dalías. A partir de esa actuación, cuando la gente comprobó que las niñas realmente estaban aprendiendo, al final acabé dando clase a un grupo de 40 niñas, desde 3 años a niñas mayores que yo". A los 15 años dejó de darles clase para dedicarse plenamente a su aprendizaje.

"Hay mucha gente que cree que la Danza no es una carrera, que no tiene porvenir, pero mi familia siempre me apoyó para que pudiera dedicarme a lo que de verdad me apasiona, el baile". Aunque es un arte que lleva dentro, se ha formado ampliamente. Tras completar sus estudios de Danza en el Conservatorio Profesional de Almería, y Magisterio de Educación Musical, se traslada a Málaga para finalizar la Licenciatura de Pedagogía de la Danza en la especialidad de Baile Flamenco. Además, ha realizado múltiples cursos especializados "de la mano de grandes figuras como Javier Latorre, Eva la Yerbabuena, Antonio Canales, Matilde Coral, Aída Gómez, Mercedes Ruiz, Rafaela Carrasco, Pastora Galván, Yolanda Heredia, Rocío Molina, Rafael Campallo, Antonio el Pipa. "Fue precisamente al hacer un curso con Antonio el Pipa, le gustó mi forma de trabajar y de bailar y a partir de ahí me surgió un contrato con su compañía para trabajar en los espectáculos de Vivencias y De tablao, y con ella he participado en los mejores festivales de flamenco, recorriendo el mundo".

Como bailaora ha participado en innumerables e importantes festivales nacionales e internacionales de la mano de Antonio el Pipa y Javier Latorre. Ha participado desde en el Festival Flamenco de Jerez, Bienal de Málaga, Festival de Flamenco de Mont de Marsan, Los Ángeles, Nueva York, Londres, París. Madrid, México, Ecuador, Gran Teatro Falla de Cádiz, el Lope de Vega en Sevilla, Gran Teatro de Córdoba, entre otros muchos. Además, formó parte de la Compañía de Carmen Mota en Málaga durante tres años, y como solista ha trabajado en diversos festivales y peñas. Desde hace dos años y medio trabaja como directora-docente en la Escuela Arte Danza Adra y como coreógrafa en el Club de Gimnasia Rítmica de El Ejido. "A mí lo que realmente me gusta es la docencia, por eso me vine de Málaga".

Asegura que ha tenido la suerte de trabajar no sólo con grandes profesionales, sino que además "son grandes personas y eso es muy importante. Te permite trabajar mejor y también aprender más y mejor". Al subirse al escenario siente nervios, "y mucho cosquilleo por el estómago e incluso miedo escénico, aunque lo parezca lo tengo, pero una vez empiezo a bailar y pasan esos primero cinco minutos desaparece. Te transformas, no eres la persona. Cuando bailo siento libertad, puedo expresar lo que realmente siento, desde rabia, dulzura, amor, todos los sentimientos como yo los siento. Mi trabajo es mi válvula de escape. Cuando no bailo estoy más irascible, tengo ansiedad".

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