Una musa entre cien mil solteros

  • Trabaja como striper en la sala Espectáculos Élite de Almería desde hace sólo un año · Una administrativa que utiliza el baile erótico como una vía de escape que le aporta seguridad

"Utilizo hielos, cremas y aceite corporal, con los que practico diversos juegos. A veces los clientes piden un espectáculo especial, donde bailan dos mujeres para un solo hombre". Sólo lleva un año trabajando como striper para el restaurante Élite, desde el día que entró por la puerta para organizar la despedida de soltera de una amiga. Se llama Patricia Soler Gómez, vive en Almería, tiene 27 años y un cuerpo espectacular.

Con el buen tiempo vienen las bodas y con ellas, las despedidas de soltero. Durante estas fechas las salas de espectáculos eróticos de todos los puntos del país hacen su agosto. Cada vez son más los novios que solicitan el servicio de una bailarina erótica.

En un principio le ofrecieron trabajar de camarera. Era un oficio viable, ya que podía compaginarlo con su trabajo diario de administrativa. "El primer fin de semana estuve sirviendo platos y copas a las mesas, ya que el restaurante está especializado en ofrecer cenas eróticas para despedidas de soltero. Al fin de semana siguiente era una Striper más y allí sigo, hasta el día de hoy", dice, minutos antes de comenzar su actuación.

Cada despedida es diferente, Patricia asegura que no es lo mismo actuar en una fiesta donde haya cuatro futuros novios, que dónde sólo haya uno y esté rodeado de 20 amigos. "Hay que improvisar siempre porque nunca sabes lo que te vas a encontrar hasta que comienza la primera canción del espectáculo", explica.

La función se suele dividir en tres partes. Primero, cuando los clientes están todavía con el estómago vacío, salen al escenario varias bailarinas. "Suelo bailar unos quince minutos en total, cinco por cada actuación. En la primera parte no suelo quitarme la ropa. Saludo, coqueteo con el novio y el resto de sus amigos. En la segunda parte comienzo a enseñar mis encantos", dice.

A partir del tercer plato, cuando el vino comienza a hacer efecto, se desata la locura. "La tercera parte del espectáculo es, para mí, la más divertida de la velada. Hay más contacto con el novio. Suelo tirarle al suelo y le quito la ropa, prenda a prenda. Eso si se dejan, porque hay casos, en realidad muy pocos, en los que el novio prefiere estar vestido durante toda la actuación".

Con más de 100 espectáculos a sus espaldas en lo que va de año, Patricia se ha encontrado en una multitud de situaciones. En la mayoría de las ocasiones los novios acaban en calzoncillos y se quitan la ropa siguiendo las instrucciones de la bailarina. Pero no siempre es así. "En una ocasión un chico se quitó la ropa antes de que comenzara el espectáculo. Se quedó completamente desnudo, se subió a la silla y comenzó a bailar delante de todos. Es algo que nunca me había sucedido y pensé: Pobrecilla la novia, vaya joyita que se va a llevar a casa", cuenta, mientras ofrece una agradable sonrisa.

Pero no todo son buenas noticias, en ocasiones ha tenido que lidiar con algunas personas que no la han hecho pasar un rato agradable. "Cuando actúo fuera de Élite la cosa cambia. A pesar de ir acompañada siempre por un guardia de seguridad, en una ocasión me tocó actuar en un sitio muy pequeño. Entonces me encontré rodeada de 50 ordinarios que estaban muy borrachos. Fue muy difícil controlarlos. Gracias a Dios todo salió bien, porque cuando terminó la función acabé tomando copas con ellos y me pidieron disculpas", reconoce. Las stripers exigen unas normas a sus clientes antes de comenzar el espectáculo. No está permitido tocarlas, a no ser que ellas quieran.

Tiene el armario repleto de disfraces y eso provoca el furor de todos sus clientes. "Tengo trajes de policía, de colegiala, de enfermera y un gran número de vestimentas de cuero. No uso látigo, aunque en alguna ocasión, como la que he comentado antes, sí me habría gustado llevarlo".

Cobran 90 euros por noche, todo depende del tiempo y la empresa a la que pertenezcan. "En realidad, aunque haya gente que piense lo contrario, no hago este trabajo porque necesite dinero, sino porque disfruto mucho haciéndolo. Prefiero estar aquí que de fiesta con mis amigas".

Son muy pocos las personas que saben a qué se dedica Patricia durante la noche. "Lo saben cuatro amigos contados y mi ex-novio, que no aguantó la presión y decidió dejarme hace tiempo. Lo veo estúpido, porque no considero que esto sea una infidelidad", concluye.

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