El tren sólo pasa una vez

  • Más de 2.000 almerienses clamaron en el corazón de la ciudad contra el déficit de los servicios ferroviarios Partidos y candidatos se suman a la reivindicación de inversiones al futuro Gobierno

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La ciudadanía almeriense, harta y cabreada por la desesperante y precaria situación que atraviesa un sistema ferroviario que se ha ido desmantelando en los últimos treinta años sin que los partidos políticos ni sus representantes en las administraciones levantaran la voz contra una eterna condena al ostracismo, ha vuelto a dar un paso hacia adelante dejando atrás décadas de indolencia al clamar en el corazón de la capital por un tren digno y decente, de calidad, como el que tienen la mayoría de provincias del país, acorde con el siglo en el que vivimos, rápido y eficiente, y una apuesta decidida del futuro Gobierno por el medio de transporte más sostenible.

La convocatoria de la Mesa en Defensa del Ferrocarril, en la que se han integrado más de cuarenta colectivos sociales y entidades de la provincia además de partidos políticos y administraciones, fue secundada ayer por más de 2.000 personas, cifra que el recuento de la Policía Nacional baja a 1.200 y la organización eleva por encima de 2.500, una participación muy similar a la alcanzada en Teruel en una protesta en la que se pidieron más inversiones en la conexión del eje cantábrico-mediterráneo, pero lejos queda de la que echó a las calles de la localidad vecina a cerca de 20.000 murcianos por el soterramiento integral de las vías del tren. Pero al andar se hace el camino y los agentes sociales y plataformas ciudadanas que más vienen trabajando en los últimos meses, en su intento de canalizar el descontento de la provincia y ejercer como lobby determinante que fuerce a las administraciones a cerrar compromisos con fechas y plazos de ejecución, se dieron por satisfechas al entender que los almerienses han despertado de su letargo y son conscientes de que el tren sólo pasa una vez. Sin duda, la movilización fue insuficiente, impropia de una ciudad castigada por el déficit de comunicaciones, pero sienta un precedente ante los incumplimientos futuros. Es más, los partidos políticos se sumaron a la causa hace meses, apoyando a la Mesa, firmando manifiestos y participando en las actividades y concentraciones previas como la del Parque de la Estación. Ayer se volvieron a retratar sosteniendo la pancarta, en primera línea de las reivindicaciones, los candidatos de los principales partidos que en cuestión de días se convertirán en diputados y senadores, así como los representantes de la Junta y el Ayuntamiento de Almería. Difícil sería pensar hoy que su postura se deba más a la coyuntura electoral que a su propio convencimiento de que existe un problema real y grave en la calidad y extensión del servicio ferroviario. Si cambian de parecer y vuelven a callar cuando el Ministerio de Fomento priorice otras regiones, serán cómplices de un agravio sin precedentes y las hemerotecas dictarán sentencia.

Ramón Fernández-Pacheco, el alcalde de Almería en funciones, no dudó en ponerse en cabeza, "abanderando una reivindicación justa de todos los almerienses". Y es que, a su juicio, "nadie puede estar de acuerdo en que el tren a Madrid tarde lo que tarda hoy", si bien reiteró, por si preguntan los de la sede de Génova, que ellos no venía a manifestarse en contra de nadie. Pero, lejos de lo que unos y otros entiendan, la situación sí que tiene culpables, los ministros de Fomento que durante las dos últimas décadas han castigado a la provincia con unos recortes y racionalización que han sido tan arbitrarios como la parálisis en la llegada de la Alta Velocidad que ha cuestionado hasta Bruselas.

La marea humana, amenizada por comparsas y pasacalles, bajó el Paseo de Almería entre gritos y miradas de cientos de ciudadanos que disfrutaban de una tarde de café y compras ajenos al problema del ferrocarril. Entre las hileras de personas se intercalaron más de un cartelón y sábanas, como la de Coag en la que reivindicaba vías de un tren de mercancías. Había madres y padres con sus pequeños hijos, los usuarios del futuro que ayer se tuvieron que conformar con viajar en el tren turístico, y empresarios y sindicalistas y los trabajadores de Renfe.

Escoltada por las patrullas de la Policía Local, que se encargaron de vetar el tráfico en las calles que fluían hacia el Paseo, la protesta desembocó en Plaza de las Velas, al final de la Rambla, a espaldas de un Puerto sin conexión con el ferrocarril. Sobre un escenario y con megafonía bien engrasada, al contrario de lo que ocurriera en la concentración del pasado mes, se leyó el manifiesto reivindicativo en el que se volvieron a exhibir las carencias y la necesidad de buscar vías de solución. La campaña está a la vuelta de la esquina y se pidió nuevamente a los aspirantes a las Cortes a apuntarse bien la lista de asignaturas pendientes. Después sonaron los acordes de los grupos Maraguango y Murmullo como el colofón de una fiesta ciudadana del despertar de la conciencia, de ese Pepito Grillo que forjará una voluntad política verdadera.

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