"A veces aplico normas que no me gustan, pero son las que hay"

  • Ha dictado resoluciones sobre Endesa, el Algarrobico, la Ual y el Gran Plaza

El despacho del juez Rivera es austero. La fotografía del Rey, dos banderas -la de España y Andalucía-, un tresillo en color verde, un mueble repleto de libros y documentos, y su mesa de trabajo limpia de papeles. Nada más, aparte de un escrupuloso orden en todo.

Algunas de sus decisiones jurídicas se han conocido en nuestras antípodas, como así lo confirma un equipo de documentalistas de una televisión nacional australiana, Australian Broadcasting Company, muy interesados en el juez que había tenido los bemoles de parar El Algarroubicou.

-Como dicen los australianos, ¿cómo se atrevió su Señoría a parar la construcción del Hotel El Algarrobico?

-Un juez se atreve con eso simplemente aplicando la Norma. En mi caso, adopto las resoluciones sin considerar los efectos que pueda provocar en otros actores de la vida pública. Me interesan los efectos jurídicos, no me interesan otros efectos. Por otra parte, quien se sienta afectado puede arbitrar los remedios procesales.

-¿Usted además del hotel, anula una licencia de obras al Ayuntamiento de Almería, llama la atención a la Junta con el asunto Gran Plaza de Roquetas, anula la resolución de autorización a Endesa de la línea de alta tensión de Almería, falla en contra de la Ual ¿es su forma de hacer amigos?

-Le voy a responder sin ironías. Todas las sentencias, todas, se ajustan a Derecho. Lo que sucede es que las repercusiones escapan al juez. En muchas ocasiones, las sentencias, los autos, se utilizan para acallar a la oposición política. Sucede igualmente, que es la oposición la que airea una mala actuación basada en la resolución judicial. Las decisiones judiciales son armas arrojadizas para los que se mueven en política.

-Y Su Señoría, ¿en qué ámbito político se mueve?

-Verá usted: con El Algarrobico me hicieron de Izquierda Unida; con la Ciudad Digital, del PSOE; y con el Gran Plaza de Roquetas de Mar, me alistaron en el PP. Esto es significativo ¿no? Yo me muevo en la independencia judicial, que es la mayor garantía para el ciudadano. La aplicación de la Norma es la grandeza y lo más bonito de esta profesión.

-Sin embargo, ustedes, jueces, magistrados, se quejan de presión permanente

-No estamos sometidos a ninguna presión. También es cierto, que sólo se presiona a quien se deja presionar. En mi caso, cuando me he sentido presionado, he emprendido las acciones que me permite la legislación vigente.

-Desde esta Sala, ¿cómo se ve lo que sucede en municipios como Vera, Carboneras, Zurgena?

-Los Ayuntamientos no pueden mantenerse básicamente del urbanismo, porque es una financiación que pende de un hilo. Habría que legislar un sistema de financiación, quizá, a través de los presupuestos generales del Estado; recaudar eficazmente los tributos. En los Ayuntamientos tendría que haber más gestión y menos política, ya existen otros foros en los que se hace política.

-¿Me dirá algo acerca de los políticos locales que dicen actuar por el bien de su pueblo?

-La ignorancia de la Ley no excluye su incumplimiento. Si hay una norma que lo prohíbe, habrá que buscar otra línea.

-Me acaba usted de recordar a Endesa. ¿Es legítimo que una Administración pleitee una decisión jurídica con dinero público?

-La Administración se ha guardado privilegios decimonónicos. Personajes que están transitoriamente en la cosa pública, están defendiendo posturas contumaces y, a veces, de mala fe. Por eso, soy partidario de condenar en costas. Si llegase el caso de que la responsabilidad fuese personal, de esa persona que mantiene a ultranza un acto administrativo clamorosamente antijurídico, quizá avanzaríamos mucho en resolver asuntos sin ninguna enjundia jurídica y con el objetivo de diferir la resolución del asunto. En lo referente a Endesa, sólo tiene que leer la sentencia, que salga por donde salga, le pilla el toro.

-Los ciudadanos consideramos que la Justicia está anclada en el siglo XIX. Que, a pesar de los avances tecnológicos, es una pesadilla

-La justicia que es tardía, no es justicia. Esa consideración, ese pensamiento de los ciudadanos, se deja sentir especialmente en los Tribunales de lo Contencioso-Administrativo, que son los que fiscalizan los actos administrativos, los que evitan los abusos de la Administración. No hay derecho a consumir entre cuatro y cinco años en finalizar un asunto judicial. Es responsabilidad exclusiva de los políticos, porque una Justicia más ágil no se rentabiliza en votos, no tiene proyección mediática. Olvidan que todos los ciudadanos se topan con la Administración de Justicia y la dilación, la resolución tan tardía, sea favorable o no, no le sirve al ciudadano. Este Juzgado es un oasis porque llevo una vida casi monacal resolviendo asuntos dentro de plazo. Yo mismo tecleo las sentencias y las paso al funcionario ya grapadas. En lo que va de año, he dictado 153 sentencias -a una media de 1,76 diarias-, y 180 autos. En mis diecisiete años de carrera judicial, todas mis sentencias han estado dentro de plazo. Espero que se abra la Sala del número 3 en el próximo mes de diciembre, sobre todo por los ciudadanos, porque se resolverán antes sus asuntos.

-¿Le tienta la política?

-No, no me interesa la política para ejercerla. Todas las decisiones están sometidas al imperio de la Ley; sin embargo, la Ley no es rígida, no es matemática, por eso, generalmente, hay que hacer una interpretación de la Norma. A veces aplico normas que no me gustan y, no obstante, no tengo otro remedio, son las que hay.

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