Un desprendimiento obliga a revisar de urgencia la Giralda

  • Dos operarios limpian las fachadas del alminar para retirar los elementos sueltos tras la caída de un trozo de mortero

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El susto se produjo el miércoles por la mañana. Un trozo de mezcla de mortero se desprendió de la parte alta de la Giralda precipitándose en las gradas de la Catedral de la calle Placentines. El maestro mayor de la Catedral, Alfonso Jiménez, gran especialista en la historia y arquitectura del alminar, acudió de inmediato a realizar una inspección visual a media mañana. Valoró el incidente y lo puso en conocimiento del delegado ejecutivo de la Catedral, el canónigo Francisco Navarro. La decisión de ambos fue la de encargar una revisión in situ de las cuatro fachadas de la Giralda, independientemente del coste económico, comenzando por la afectada por el desprendimiento. Jiménez explicó ayer a este periódico la importancia que se le ha dado a la caída de material de la principal torre de la ciudad: "Este incidente nos lo hemos tomado como un serio aviso para comenzar las revisiones de las cuatro fachadas cuanto antes. No podemos esperar más. No me gusta nunca jugar con estas cosas. Esta primera revisión de una de las fachadas ha tenido un balance positivo. Parece que todo está bien, pero mañana continuaremos con las otras fachadas".

En el Cabildo ha pesado también, sin duda, la cercanía de la Semana Santa, pues en el entorno de la Giralda se instalan miles de sillas de la carrera oficial. Ayer mismo, menos de 24 horas después del desprendimiento, dos operarios comenzaron la revisión directa de la fachada de Placentines. Es la primera vez que este examen se hace con un arnés descendiendo paulatinamente hasta haber limpiado toda la piedra de elementos sueltos o con riesgo de de caída. El propio Jiménez recordaba ayer que jamás se había empleado un método tan espectacular y, al mismo tiempo, eficaz, pues es el que permite un contacto más directo con la piedra. El maestro mayor fue, precisamente, quien dirigió la última revisión del monumento en los años ochenta de la pasada centuria. Supuso, precisamente, una de sus primeras tareas al frente del programa de conservación de la Catedral. Pero no se hizo con empleados especializados en tareas de limpieza en altura, ni de una forma tan directa.

Los dos operarios que ayer se hicieron cargo de esta tarea retiraron objetos de muy diversas características: una cámara de fotos, hierba, trozos de piedra, etcétera. El elemento que más llamó la atención de los operarios y del maestro mayor fue un corazón de poliéster relleno de hierro, dejado por algún turista, que si llega a caerse podría haber supuesto un peligro para la integridad de cualquier viandante.

En total, la revisión de esta primera fachada concluyó a mediodía con la recogida de un saco completo de basura, generada fundamentalmente por los cientos de visitantes que suben al campanario de la torre cada día. Está previsto que la limpieza continúe hoy por las restantes fachadas hasta completar el peinado entero de todas las caras del alminar almohade.

Este tipo de incidentes demuestran que el programa de conservación de la Catedral, lejos de estar cerrado, está continuamente abierto a nuevas contingencias. El presupuesto del Cabildo debe adaptarse siempre a nuevas necesidades e imprevistos, pues un edificio de las características de la Catedral de Sevilla tiene vida, como muchas veces explica su maestro mayor, y sus necesidades, por lo tanto, son muchas veces imprevisibles. Jiménez destaca en no pocas ocasiones que cuando se termina una reparación imprevista en la Catedral siempre hay que comenzar otra. Aun así, el Cabildo procura ir reservando partidas para programas concretos de restauración, como es el caso de las vidrieras, o las rejas de las distintas capillas. La Catedral tiene una espléndida colección de vidrieras de altísima calidad artística que requieren de atención en talleres especializados antes de correr el riesgo de desprendimientos en el cristal o de desintegración del esqueleto de hierro, pues éstas son las patologías más comunes.

La proximidad de la Semana Santa también obligará a la revisión anual de las fachadas del templo metropolitano que dan hacia la Avenida de la Constitución, zona preferente de la carrera oficial con miles de sillas. En esas revisiones se pone especial interés en el estado de conservación de los grandes pináculos que rematan la azotea de la Parroquia del Sagrario.

La Catedral es un ejemplo de monumento que se autofinancia. El enorme gasto anual que requiere su mantenimiento se sufraga, fundamentalmente, con los ingresos que genera la visita cultural al templo. Cuando se trata de obras muy costosas, el Cabildo recurre a las subvenciones públicas, como fue el caso de los pilares agrietados del trascoro.

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