El dolor se adueña de la plaza del bloque 26 de García-Figueras

  • Vecinos llegados de todo el barrio llenan este rincón del Polígono de San Benito para dar apoyo a una familia absolutamente rota "Él es un canalla. Siempre lo fue", proclaman

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El dolor se posó ayer por la tarde, en torno a las tres y media, en el bloque 26 de Tomás García-Figueras, donde residía Miriam Tamayo, una chica "encantadora" según apuntan tanto sus vecinos como el director de la Escuela de Hostelería, Francisco Romero. Allí se dirigía la joven cuando encontró la muerte en manos de su exnovio.

Una dotación policial del Cuerpo Nacional de Policía vigila la pequeña plaza que conforman dos bloques de escasa altura. Es una zona de gente trabajadora que anda rota por el dolor o sentada derramando lágrimas.

En la puerta de ladrillo visto del número 26 apenas aguantan unos pocos vecinos con el rostro compungido. Desde el segundo piso, puerta D, donde la joven residía con su niño y su familia, los gritos de dolor se hacen tan profundos y desesperados que duelen.

Paco, vecino del bajo, es claro al describir la situación: "Todos los vecinos estamos locos", dice no sin antes recordar lo trágico que les supone pensar "que a la pobre la mataron cuando iba a cumplir con sus obligaciones en un curso de la Escuela de Hostelería".

Milagros, vecina del piso tercero, confirma que salía andando hacia sus estudios "sobre la una y media para llegar allí a las dos. Fue por el camino cuando se encontró con ese canalla".

Hablan los vecinos de Miriam y la palabra "encantadora" vuelve a las bocas. "Y muy educada. Era una muchacha que estaba loca con su niño. Lo que más quería era estar con él". Y es que fue madre hace apenas siete u ocho meses, dato que los vecinos conocen y que provoca que los gestos de dolor se ahonden en sus semblantes. Más aún cuando dirigen los ojos a un banco cercano donde un grupo de chicas llorosas intenta dar juegos al hijo de Miriam, al que han alejado del terrible drama que se vive dos pisos por encima de él ajeno a todo afortunadamente.

La placita es un peregrinar constante de familiares, tanto del padre como de la madre. Muchos de los que se acercan romper a gritar el nombre de la chica asesinada en cuanto los gritos del segundo piso les confirman que la pesadilla es cierta.

Esther, una vecina joven, destaca un hecho que pasa desapercibido a los foráneos: "Está viniendo a ver a la familia no sólo gente de aquí, sino de la otra punta del barrio. Era muy buena y querida".

Nombrar al exnovio ante el bloque 26 es casi una provocación a los vecinos: "Es un canalla, un gran canalla... pero lo peor es que ha sido un canalla desde que era un niño", proclama, y se retira a llorar.

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