Debates para la madurez democrática

Si Bill Clinton no hubiera aceptado debatir en las primarias del Partido Demócrata en 1992 con los otros aspirantes, no hubiera sido nunca candidato de este partido a la Presidencia de Estados Unidos. Y si hubiera rechazado debatir con George Bush en la campaña que se celebró meses después, pues no hubiera sido nunca el cuadragésimo segundo presidente de los Estados Unidos. Hasta el tercero en discordia, Ross Perot, un populista anti-establishment, hubiera tenido más opciones que él.

Nicolás Sarkozy tampoco sería hoy presidente de Francia si hubiera rechazado debatir con Ségonéle Royal en 2007.

Francia y Estados Unidos son dos países con democracias maduras y consolidadas, donde resulta impensable que un candidato presidencial pueda eludir la confrontación con el otro aspirante con posibilidades.

En España, en estas elecciones generales, el PSOE y el PP acordaron ya dos cara a cara Zapatero y Rajoy. Cerraron un temario en el que no quedará fuera ningún asunto importante -Política Exterior y Seguridad, Economía y Empleo, Políticas Sociales-. Sólo falta saber en qué televisiones se producirán unos debates que pueden resultar claves.

Cabe recordar que Rajoy, siguiendo el mismo criterio que Aznar estableció en 1996, cuando las encuestas soplaban claramente a su favor, no quiso debatir en las elecciones de 2004.

En Andalucía también habrá un cara a cara entre Chaves y Arenas, que recuperan una tradición que se rompió tras las elecciones de 1994. En este caso, el PSOE fue el máximo culpable.

En estos comicios, por tanto, España subirá un peldaño en su madurez democrática de nuevo. Esperemos que quede ya para siempre como una tradición inamovible, y que a nadie se le ocurra hurtar a los ciudadanos lo que debiera ser una obligación electoral sagrada de los partidos políticos para con ellos. Y si alguien se atreve, que podamos decir que perdió por falta de talla democrática.

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