Tres huevos duros, y uno ellos de oca

Como suele ser habitual en todas las campañas electorales, los partidos políticos apuestan por propuestas que calen en el electorado para arrancar votos. Así, si se detecta una bolsa de indecisos, se puede ofertar el máximo que marca el sentido común "y dos huevos duros más", incluso "mejor que sean tres" y hasta "mejor que sean tres, y uno de ellos de oca" si es necesario. El primer político en constar esa forma de hacer política fue Felipe González, cuando le reprochó en el Congreso de los Diputados a José María Aznar, muy pertinaz en aquello de "señor González, váyase", que la esencia de las propuestas del PP era "y además, dos huevos duros más". Al final, en la última etapa de Felipe González, los dos o tres huevos duros más los acabó de poner el propio PSOE, pero podridos. En esas mismas estamos, metidos en campaña y con más huevos duros por todos lados. Así, Rajoy presentó una rebaja fiscal que, sin ser "brutal", era importante. Pero Zapatero respondió de inmediato con la promesa la devolución de los 400 euros. Sonó claramente "y dos huevos duros más". Pero, con la calculadora en la mano, resultó que la propuesta socialista costaba 5.000 millones y la popular, entre 11.000 y 15.000 millones. O sea, que lo de Rajoy era "mejor que sean tres". Pero, sin duda, el ejemplo más claro de la importancia de los huevos duros en esta precampaña se ha puesto de manifiesto en las propuestas medioambientales. Zapatero anunció que la próxima legislatura plantará 40 millones de árboles, uno por cada español, y Rajoy hizo público ayer su decisión de sembrar 500 millones de árboles, 12,5 por cada ciudadano; es decir, 342.465,75 árboles al día. Eso es claramente "mejor que sean tres, y uno ellos de oca". Ahora se entiende que Miguel Arias Cañete se quejara amargamente de que ahora los camareros no son como los de antes. Es que tan profesionales como el del camarote de los hermanos Marx en Una noche en la ópera ya no se encuentran.

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