Piratas somalíes, los hijos del caos

  • Grupos de piratas, con sus guaridas en la región semi-autónoma de Puntlandia, operan sin oposición en las aguas somalíes desde 2005.

La piratería es también el último eslabón en una cadena de fracasos del Gobierno Federal de Transición, creado en 2004 con el respaldo de la ONU y apoyado en tropas etíopes, que ha dejado a Somalia a punto de caer en manos de las milicias islámicas.

Grupos de piratas, que tienen sus guaridas en Puntlandia, la región semi-autónoma del norte del país, operan sin oposición en las aguas somalíes desde 2005 y en 2008 sus actividades se han incrementado y han capturado más de ochenta buques, por cuyo rescate, según la ONU, han cobrado ya más de 30 millones de dólares.

Entre esos buques estuvo el pesquero español Playa de Bakio, con trece tripulantes españoles y otros trece africanos a bordo, que fue secuestrado durante una semana, entre el 20 y el 26 de abril, y que fue liberado tras pagar un rescate. El 26 de septiembre los piratas capturaron el carguero ucraniano Faina, que transportaba 30 carros de combate y otro armamento destinado a Kenia, por el que pidieron un rescate de 3,5 millones de dólares. El 15 de noviembre se hicieron con el superpetrolero saudí Sirius Star, de 330 metros de eslora, el mayor buque secuestrado nunca, con dos millones de barriles de crudo en sus bodegas, y por el que se pidieron 15 millones de dólares.

La falta de una respuesta efectiva a la piratería sigue confundiendo, sin embargo, a la comunidad internacional, que observa como las grandes potencias del mundo, que han enviado buques de guerra a la región, no pueden poner fin a esta actividad. Por eso, el 16 de diciembre la ONU autorizó el uso de fuerzas terrestres y aviones extranjeros en Somalia, una resolución adoptada por unanimidad que permite el uso de "todas las medidas necesarias" a los países que cuenten con la autorización del Gobierno somalí.

Sin embargo, los millonarios rescates han permitido a los piratas somalíes adquirir armamento y equipos muy modernos, con los que llegan cada vez más lejos, como en el caso del Sirius Star, al que abordaron a 900 millas (1.700 kilómetros) al sur de sus refugios de Puntlandia.

Mientras los piratas prosperan, la inestabilidad del Gobierno del Presidente somalí, Abdullahi Yusuf Ahmed, ha reducido las esperanzas del pueblo de tener un ejecutivo efectivo y las de la comunidad internacional de ver la estabilidad en un país sin un poder firme desde el derrocamiento, en 1991, del dictador Siad Barre por los señores de la guerra, que se repartieron el territorio.

El 15 de noviembre, después de haber cesado al primer ministro contra la oposición del Parlamento, Yusuf admitió en Nairobi que su Gobierno había fracasado: "No hay Gobierno en Somalia y el Parlamento debe pensar acerca del futuro del país y su seguridad".

Pese a eso, el gobierno de transición y una de las facciones islámicas, la Alianza para la Nueva Liberación de Somalia (ARS), relativamente moderada y escindida de Al Shabab, firmaron el 26 de noviembre un pacto para compartir el poder, con el cual esperan lograr la pacificación del país, aunque el jefe de la delegación islámica la vincula a la retirada de las tropas etíopes.

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