Vuelve Berlusconi 'El Inmune'

  • El magnate milanés regresa al poder tras una pausa de sólo dos años gracias al caos de la izquierda y de la ley electoral que él ideó · Al votante no parecen haberle importado sus 93 causas ante la Justicia

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Silvio Berlusconi (Milán, 1936) es un muñeco. Implantes capilares, estiramientos cutáneos, dientes blanqueados. También tacones para ser más alto -le enseñó el truco a Sarkozy, que ha tomado buena nota-, una mujer florero y serenatas en el balcón. Estéticamente, es a la política lo que Michael Jackson a la música. En resumen, un tipo poco serio o, como concluye sin tapujos The Economist, "incapacitado" para dirigir un país (todavía) tan prestigioso como Italia pese a su clase dirigente.

El narcisismo no es un defecto para los italianos sino más bien una obligación. Berlusconi respeta la estampa clásica. Es vanidoso, charlatán y frívolo. ¿A quién le importa? Ha vencido a Veltroni sin despeinarse y asumirá su tercer mandato como primer ministro tras una breve incursión iniciática -1994-1995- y el lustro que lo acostumbró definitivamente al poder público -2001-2006-. El sector privado siempre lo ha dominado. Comenzó, como Jesús Gil, con el ladrillo. Luego montó, cadena a cadena, todo un imperio televisivo. Y, finalmente, cuando los tentáculos fueron suficientemente alargados, mordió en otros ámbitos. Mediaset, Mondadori o el AC Milan son los diamantes de su fortuna, valorada por Forbes en 9.400 millones de dólares.

Cualquier ciudadano sensato advertiría que la cosa huele a un colosal conflicto de intereses. Don Silvio se encargó de solucionarlo con algunos retoques legales. Los mismos que le permitieron perpetrar la famosa porcata electoral para convertir el sistema italiano en un puzzle indescifrable. Su movimiento, poco democrático y nada patriota, no recuerda tanto al impersonal príncipe de Maquiavelo como al retorcido Von Bismarck, responsable en parte con el Tratado de París (1878) de la macedonia en que se convirtieron los Balcanes (ya lo eran, pero no tanto) un siglo y pico antes de explotar del todo.

Le Monde lo llama Berlusconi El Eterno. Es cierto: 71 años no han atemperado su hiperactividad. Ahora tiene lo que quería. Y lo que quería era mandar, aunque esta vez con un mensaje más suave. Pidió respeto para Veltroni y aclaró que lo de las varitas mágicas no va con él. Será muchos adjetivos, pero no es tonto. Sabe cuál es la coyuntura económica, lo que valen el petróleo o los cereales, lo que pesan la crisis en EEUU o los bancos desnortados. Italia debería crecer en 2008 un 0,6 por ciento. Escaso margen para grandes recetas. Prodi, su antecesor, se hizo rápidamente impopular por subir los impuestos y perseguir la evasión fiscal. Está por ver cómo combina el nuevo primer ministro su tendencia a agradar con las medidas impopulares propias de toda etapa de recesión.

Más estimulante aún para la imaginación es prever qué tal le irán las cosas a su coalición, cuyo único rasgo común es el pensamiento de derechas. La Liga Norte de Umberto Bossi sí casa más con Alianza Nacional, del ex fascista Gianfranco Fini, por cuanto ambas son formaciones xenófobas cuyas medidas dudosamente constitucionales triunfan en más de un municipio. Bossi, centrifuguista, deberá entenderse con Fini, centralista, y ambos a la vez con el jefe, que podría ser un buen árbitro si los conocimientos futbolísticos sirvieran en política. Lo que todos han prometido evitar pero ninguno será capaz de cumplir es una legislatura en las antípodas del bacheado y breve viaje de Prodi y su amalgama de socios. Cinco años, que es lo que dura en teoría un mandato, son demasiados en Italia. Allí triunfa el sentido del espectáculo. La responsabilidad es secundaria.

Podríamos añadir al título que le concede Le Monde otro más guasón: Berlusconi El Inmune. Procesado 93 veces. Ninguna condenado. ¿Por qué le votan? Conozco más y mejor el norte del país. Incluso en una ciudad tradicionalmente de izquierdas como Bolonia la gente comentaba que el tutti frutti de los dos últimos años y la presión fiscal eran factores decisivos para pasarse a Il Cavaliere. En el fondo, quizás la identificación entre el líder y la población sea mayor de lo que la prudencia sugiere. Cuando tildó al Gobierno de Zapatero de "demasiado rosa" y explicó que en Italia el hombre aún lleva las riendas no bromeaba. Retrataba la sociedad a la que representa. El hecho de que aproveche su posición de fuerza para consolidar y acrecentar su patrimonio tampoco suscita polémicas. El pueblo asume con pasmosa naturalidad que corrupción y política son hermanas siamesas. Y si encima resulta que Veltroni es casi tan aburrido como Prodi, decidirse en estas elecciones era pan comido.

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