Gabacho Maroconnection lleva el baile y el jazz a la Plaza Vieja con 'Alamar'

  • La numerosa formación de origen francés, marroquí y español conquistó al público que se vio sorprendido con su propuesta variada

La Plaza Vieja se llenó el sábado de fusión musical y diversión con la interesante propuesta musical de Gabacho Maroconnection, la quinta propuesta dentro del Alamar 2015, el festival de músicas del mundo que se está celebrando en Almería desde el pasado martes, día 21, y concluyó ayer domingo con el concierto de Raimundo Amador.

Si el martes fue el turno para la danza y música de raíz gitana, el miércoles del romanticismo hecho bolero en las múltiples voces de Grupo Almenara, el jueves las leyendas medievales de Ana Alcaide, y el viernes para la calidez del tango de ida y vuelta de Silvana Marrero y Carlos Darakjian, el sábado fue, sin duda, la noche del baile.

Gabacho Maroconnection conquistó al público congregado en la Plaza Vieja con su propuesta híbrida de jazz con músicas tradicionales de influencia bereber, marroquí, gnawa o chaâbi, todas ellas representadas en su primer trabajo discográfico llamado Bissara y cuyas canciones sonaron en su totalidad.

El inicio del concierto se basó principalmente en las sonoridades, más anglosajonas, del jazz. Desarrollos largos en los que las pequeñas improvisaciones se sucedían bajo la base rítmica mantenida, de Vicent Thomas en la batería y Eric Oxandaburu al bajo, quizá una forma de ir engrasando la máquina para la posterior fiesta que estaba por llegar.

En este primer tramo sorprendió la voz de querencia flamenca de Hamid Moumen, sentado, cual cantaor canónico, con guembrí y otras percusiones. También destacó en este tramo la labor de los metales, liderados por el saxo tenor Charley Rose, responsable principal de la producción del citada debut, y de su teclista Willy Muñoz.

Entrando en calor con el avance de la velada y gracias a la excelente acogida del tema Le Minotaure, el concierto aumento progresivamente su velocidad para entrar en terrenos mucho más bailables, cercanos al reggae más clásico y hasta con ligeros escarceos por el ska británico desenfadado de los mismísimos Madness. El público comenzó a dejar de lado sus sillas y se acercó bajo el escenario, convirtiendo los aledaños en una auténtica pista de baila en la última media hora de la actuación.

Toda una muestra de integración multicultural y del disfrute de otras músicas y ritmos, la expresión máxima del objetivo que representa el festival Alamar.

El gran cierre a esta propuesta multicultural fue anoche con el concierto de Raimundo Amador, uno de los pioneros y máximos exponentes de la fusión entre el flamenco, el blues y el rock. Fue en la Plaza Vieja.

La trayectoria profesional de Raimundo es apabullante, desde su participación en el histórico disco La Leyenda del Tiempo de Camarón de la Isla, su paso por el transgresor grupo Veneno, junto a Kiko Veneno, sus años en Pata Negra y también como solista, camino en el que cosechó una gran amistad personal y musical con el recientemente fallecido B.B. King, leyenda mundial del blues. Su discografía en solitario arrancó con Gerundina en 1995, tomando el nombre de su guitarra, al igual que B.B. King llamaba a las suyas Lucille. Junto a En la esquina de Las Vegas que se lanzó dos años más tarde, forman la base del sonido característico del artista: raíz flamenca en la base, espíritu de blues en los solos y la dinámica y aportes de rock en su justa medida.

Así quedó reflejado en Noche de Flamenco y Blues, registrado en directo en la Plaza de las Ventas y que, posiblemente, sea su mejor creación. Aún llegarían, tras el cambio de siglo, cuatro discos más: Un Okupa en tu Corazón, Isla Menor, Mundo Amador y Medio Hombre, Medio Guitarra.

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