Gran baile de disfraces en la cena de Carnaval del Cervantes

  • Al final se consiguió llenar el recinto en una noche de mucha alegría, diversión y solidaridad, obteniendo un dinero que irá a parar a la Asociación Alcer

El viernes pasado en el Teatro Cervantes, tuvo lugar la tradicional cena baile benéfico de carnaval, que este año se dono a la asociación Alcer.

La noche comenzó con la actuación de la murga más antigua en activo de la capital, la conocida como la de los Bisbales, que con el tipo de los Water gays, arrancaron las primeras risas de la noche.

Seguidamente comenzaron los clásicos sorteos, y la entrega de placas de reconocimiento por el Alcalde del Ayuntamiento de Almería, Luis Rogelio Rodríguez Comendador, al presidente de la Federación de Agrupaciones Carnavalescas de Almería, Nicolás Castillo, y a la gerente de Alcentro, María José Navarro en reconocimiento a su labor en pro de la mejora y engrandecimiento del Carnaval de Almería.

La noche estuvo muy animada, ya que hubo disfraces muy variopintos y muchos de ellos de una gran originalidad. A la cena no faltaron las concejalas María Vázquez y Rebeca Gómez, que aparecieron guapísimas con sus atuendos.

Antes del postre tuvo lugar el tradicional desfile de modelos de lencería, que puso broche de oro a la cena, y preparo el ambiente para disfrutar de una noche inolvidable. Los disfraces fueron muy variados, desde los clásicos venecianos, pasando por los piratas en tiempos de crisis, los alegres años 60, tigresas, presos, soldados y en fin una amalgama de colorido y vistosidad que hicieron si cabe, más inolvidable la cena.

Por unas horas, el Teatro Cervantes, volvió a vivir el esplendor de tiempos pasados, y con mucha añoranza, los convocados se conjuraron entre risas y bailes a regresar con más ganas y fuerzas el próximo carnaval, se enterró testimonialmente, la sardina, con unas sonrisas, y entre abrazos se brindó por el nuevo carnaval, porque este ha llegado a su fin.

A las tres de la madrugada, las calles de Almería se llenaban de disfraces. Ante la sorpresa de muchos, eran los comensales de la cena del Teatro Cervantes los que irrumpían en la calle.

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