Homenaje a los revolucionarios de las sevillanas

En pleno corazón de Sevilla, con la Giralda presidiendo el acto durante una noche de abril, el ambiente desprendía perfumes de azahar. El entorno debía acompañar a la poesía musical que, desde hace tres décadas ya, llevan sembrando a su paso los miembros de Cantores de Híspalis. Seis integrantes, nueve formaciones. Una combinación matemática que, como en una operación de álgebra, no altera el resultado.

Emblema del resto de miembros, Pascual González, Juani, Carlos y Mario, presentaban ayer en el Patio de Banderas de los Reales Alcázares sevillano Tributo, libro conmemorativo de estos treinta años que, físicamente, no podrá verse hasta el once de abril. Cosas de estos bohemios que, desde el principio de su camino, se dejaron llevar siempre más por el corazón que por la cabeza. Ésa, y no otra, ha sido la clave de su éxito: la pasión que han puesto Cantores en su profesión. "Yo estaba estudiando en Salamanca y actuaba con un grupo de música suramericana", recordaba Pascual para este periódico. "Volví y conocí a Juani y al canijo (José Antonio Rúa) y me los traje conmigo. Aparecieron con un frigorífico y un cajón flamenco y de allí salió nuestro primer disco, Cosas de mi tierra".

Era 1977. La suerte estaba echada y, el mundo de las sevillanas, desconocía lo que se le venía encima. De todo eso, y más, trata la publicación sobre la que González ha trabajado desde hace bastantes meses con la intención de desvelar muchas de las anécdotas que, en su momento, pasaron desapercibidas. "No nos daba lugar. Desayunábamos en Sevilla, almorzábamos en Fránkfort y cenábamos en Amsterdam", continuaba relatando el líder de la agrupación. "Hemos rescatado, por ejemplo, artículos como Sevillanas tras las rejas porque no hay nada que ocultar".

Después vinieron los triunfos, los récords de ventas, logros como hacer bailar a la mismísima Nancy Reagan o situaciones de peligro como las amenazas de ETA en Bilbao. Y, más tarde, en 1990, los diez años de separación. "Hubo disparidad de opiniones porque, cuando tienes mujer e hijos, piensas diferente", recordaba Juani. "Las decisiones deben ser democráticas y nosotros no entendimos bien aquello. Era una situación de mal vivir por parte del grupo y optamos por dejarlo una temporada". "Sólo se pueden pelear los que se quieren", apuntaba Pascual. Mientras, Mario y Carlos se habían incorporado un año antes para, dos álbumes después, toparse con este parón, por suerte, superado.

Micifú y Robustiana, A bailar, a bailar, Cantaré, El mundo, Esa mujer, La prensa… Títulos que marcaron un antes y un después y que fueron recordados en un espectáculo al que no faltaron amigos, familiares, compañeros y autoridades. Gente como Rafael Gordillo, El Marchena, Marismeños, Amigos de Gines, Pepe da Rosa, Patricia Vela… Faltó Rafael Ojeda, Fali, padre de Falete que, aunque pasa un momento delicado de salud, sí estuvo presente en el corazón de sus antiguos compañeros. Estos, rodeados de su banda, del coro, de seis niñas bailando y, sobre todo, arropados por sus seguidores, hicieron lo que mejor saben hacer: cantar. Más de una hora de popurrís recopilatorios de sus títulos más conocidos dieron paso a un aperitivo que se prolongó hasta la medianoche.

Hubo tiempo para charlar, para reflexionar y para hacer balance también. "Para mí es mi profesión", confesaba Juani. "Me ha dado muchas satisfacciones y, a pesar de los malos momentos, nunca pensé tirar la toalla. Al fin y al cabo, cambié los pantalones cortos por los largos sobre un escenario. A esta edad mía, en la que veo el final de una etapa artística, miro hacia atrás con satisfacción". "El instante con el que me quedo es éste precisamente, el último", concluía Pascual mientras atendía a sus invitados.

Fue la gran fiesta de un género, las sevillanas, al que Cantores han entregado su vida. Un billete sin regreso en un viaje con destino a las raíces de nuestra tierra.

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