El gallo que cantó dos veces

  • Se cumplen ochenta años de la publicación de la revista ideada por Lorca que dio voz a los creadores más jóvenes y se hizo eco de las vanguardias artísticas y literarias de los años veinte

Fueron sólo dos números pero conmocionaron la cultura granadina de finales de los años veinte. Un puñado de jovenzuelos de la ciudad, liderados por Federico García Lorca y sus ansias de provocación hacia la achacosa burguesía granadina, agitaron el ambiente creativo con la publicación de la revista gallo, una publicación literaria que contó con la colaboración de nombres como Salvador Dalí, Jorge Guillén o José Bergamín. Esos dos números sirvieron para que se discutiese en los bares y en los cafés sobre cultura y para que se retrataran las dos Granada que, al igual que las dos Españas, ya se estaban formando: la de la cultura rancia e hipócrita y la del espíritu internacional y abierto. Gallo fue el detonante. Ahora se cumplen los ochenta años desde que vio la luz.

El origen de gallo (el título de la revista iba en minúscula) estaba en la propia personalidad de Federico García Lorca. Él quería sacar a la ciudad de su estado monolítico y durmiente, enquistado tan sólo en la contemplación de la Alhambra y en el vivir de las rentas. Lorca quería introducir en Granada el gusto por el surrealismo, por las nuevas corrientes que atravesaban Europa y movilizaban a los jóvenes artistas. Quiso traer a la ciudad un trozo de modernidad.

Movilizó a un grupo de amigos como Melchor Fernández Almagro, Manuel López Banús o Enrique Gómez Arboleya y puso en pie el proyecto a comienzos del año 1928. Sería una revista con diseño moderno, defensora de vanguardia y que diera cabida a los jóvenes escritores y pintores de la ciudad. También a los artistas incipientes del resto del país. Se trataba de dar vida al arte y la literatura nuevos.

Aunque García Lorca quería quedarse un poco al margen del proyecto, en un discreto segundo plano, su capacidad de trabajo y organización, sus contactos con la gente de la Residencia de Estudiantes, hicieron que al final él encabezara el proyecto. Por fin, la revista vio la luz el 9 de marzo de 1928. Tenía 22 páginas, unas dimensiones de 24x33 centímetros y unos contenidos que abarcaban un poema poético del propio Lorca, Historia de este gallo, en el que de modo metafórico se explicaba la génesis de la publicación, dibujos de Dalí en los que retrataba a los 'putrefactos' (la gente rancia de Granada), poemas de Jorge Guillén, aforismos de José Bergamín, un artículo del propio Dalí y otro de Melchor Fernández Almagro. Aunque la tirada de la revista fue pequeña, el escándalo fue mayúsculo en la ciudad, según relataba García Lorca a sus amigos de fuera de Granada. En Historia de este gallo, Lorca se inventaba un personaje, Don Alhambro, que representaba el espíritu innovador y abierto que los jóvenes artistas de la ciudad querían defender. Don Alhambro, un empresario granadino que había vivido durante años en Gran Bretaña, regresaba finalmente a la ciudad en 1830 con el afán de sacarla de su inmovilismo de siglos. Pero, pese a todos sus intentos, la ciudad seguía sumida en la tradición, en lo caduco, en el arte rancio. Finalmente, Don Alhambro, que había ideado fundar una revista llamada Gallo, moría sin conseguir su objetivo. El poema en prosa de Lorca servía para que soltara ciertas puyas contra la burguesía de la ciudad y levantase ampollas entre los más conservadores.

Lo que éstos no sabían es que Lorca y sus amigos se guardaban otra carta en la manga. El 18 de marzo, nueve días después de la aparición de gallo, veía la luz la revista Pavo, que era una réplica a los postulados lorquianos. Era la revista que reivindicaba el soneto ñoño y las bonitas tradiciones de la ciudad. Estaba escrita y realizada por el mismo equipo de gallo y pretendía representar con sorna a todos aquellos de los que los jóvenes granadinos se reían. Incluso recuperaba la figura de un poeta ficticio creado por García Lorca, Isidoro Capdepón, que escribía cosas terribles a la vieja usanza. Paradójicamente, y sin darse cuenta de la burla, mucha gente expresó su apoyo a Pavo frente a gallo. La polémica estaba servida. Incluso se crearon dos frentes intelectuales: los 'gallistas' frente a los 'pavistas'.

El segundo y último número de gallo apareció a comienzos de mayo de 1928. Contenía dos textos de Lorca, La doncella, el marinero y el estudiante y El paseo de Buster Keaton, un estudio sobre Picasso de Sebastià Gasch, un fragmento de una novela inconclusa de Francisco García Lorca, los primeros escritos de Francisco Ayala, poemas de Manuel López Banús, Francisco Cirre y Enrique Gómez Arboleya y la traducción al castellano del Manifiesto Antiartístico Catalán de Gasch, Dalí y Lluís Montanyá.

El manifiesto representaba todo lo que el grupo de jóvenes granadinos buscaba: la reivindicación de nuevos tiempos y nuevos estilos, la pasión por el jazz, el cine, el gramófono y la velocidad y la erradicación del sentimentalismo. El manifiesto estaba apoyado por gente como Picasso, Juan Gris, Paul Éluard, jean Cocteau, Igor Stravinsky, André Bretón, Le Corbusier o el propio García Lorca.

Tras la publicación del segundo número, Lorca se marchó a Madrid a trabajar en el Romancero gitano y ya no se preocupó más por la revista. Su hermano Francisco, que había quedado como director en funciones, reclamó su presencia para sacar adelante el siguiente número. Pero Lorca, que se caracterizaba por apasionarse salvajemente de algún proyecto nuevo para luego desentenderse de él, se concentró en sus actividades en Madrid y no regresó a la ciudad. El gallo, finalmente, dejó de cantar. Pero su canto había hecho añicos los cimientos culturales de la ciudad.

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