"Mi hijo ha cambiado todas mis prioridades"

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Después de todo lo que lleva dedicado a la escena, para Bertín Osborne sobran las presentaciones. Junto a sus facetas como esposo, padre y hasta abuelo, de él conocemos su labor como cantante y presentador. Un todoterreno que, en los últimos años, se centró tanto en su vertiente empresarial que hasta llegó a pensar, tal y como nos confiesa en esta entrevista, abandonar la música. La Fundación Padre Garralda, dedicada a ayudar a niños necesitados, ha sido la responsable de su esperado regreso.

-¿Por qué ha escogido las rancheras como hilo conductor de este CD?

-Porque son muy animadas y me divierten mucho. Las giras con los mariachis son estupendas y se trata de un género que escuchaba desde pequeño con mi padre, admirador de figuras como Jorge Negrete o Pedro Infante. Son "puro macho" (risas). La primera vez que me atreví con una lo hice junto a Pedro Vargas en una Feria de Jerez. Me sacó con él ante la gente e hicimos aquélla de "México lindo y querido…".

-La recaudación del álbum será para la Fundación Padre Garralda, a la que también destinará un porcentaje de unas empresas de vinos y de zumos con las que comienza a implicarse en breve… ¿A qué se debe tanta generosidad?

-A lo largo de la vida todos cambiamos la forma de enfocarla. Las prioridades no son las mismas con veinticinco años que luego y, mi hijo, me las ha cambiado absolutamente. Quiero ver las cosas con un optimismo bestial porque eso se lo transmito a él y a mi mujer. Me siento mejor cuando puedo ayudar y pienso que a mi madre, si pudiera observarlo, también le gustaría. Por encima de mi imagen, nunca he sido un tipo duro.

-¿Se siente valorado profesionalmente o corrobora lo especiales que somos en España para dar méritos a nuestras figuras?

-Cada vez que he sacado un álbum, ha sido Disco de oro y los conciertos siempre los tengo abarrotados. A la gente le gusta verme pues, como dicen los americanos, nosotros somos "entretenedores". No soy un cantautor introvertido y, sí, creo que estoy reconocido. El público me tiene cariño y me lo demuestra. Luego, la parte de las multinacionales y los críticos, me trae sin cuidado. Muchas veces van de espaldas a la sociedad.

-¿Es cierto que ha estado a punto de dejar de cantar?

-Sí. No tenía mucho tiempo y pensé no grabar nunca más pero esto me ha devuelto la ilusión. De hecho, el año que viene repetiré fórmula y, cuando el Padre Garralda tenga un fondo suficiente, cambiaré de ONG.

-¿Está ganando puntos para el cielo?

-(risas) ¡Eso mismo me comentó el Padre Garralda el otro día! (risas)

-Porque creyente sí que es, ¿no?

-Sí. Soy creyente.

-¿Ha sido todo el mundo tan cariñoso con usted, en lo que a su pequeño Norberto se refiere, como parece desde fuera?

-La verdad es que sí. No tengo palabras. Me paran por la calle para darme ánimos e interesarse por nosotros. Ayer, sin ir más lejos, se bajaron tres albañiles de una obra para darme un abrazo.

-Sin embargo, parece que tiene usted ocasión para todo lo laboral pero no veo el lugar para lo personal…

-Te equivocas. Cuando veo aparecer el coche en el que mi mujer vuelve de la rehabilitación, en la que está cinco o seis horas diarias, dejo todo y me dedico a ellos. Me voy a dar una vuelta con el cochecito, por ejemplo. Él ve, oye, está empezando a hablar y acaba de comenzar a gatear. Ya tiene un año y dos meses y se encuentra fenomenal.

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