La reconquistade Beatriz Luengo

La pequeña estatura de Beatriz Luengo contrasta con la gran fuerza que encierra su interior. Esta chica, nacida en un seno del barrio madrileño de Hortaleza, tuvo que luchar mucho y muy duro para salir adelante y eso, se quiera o no, imprime carácter. "Empecé muy pequeña y, desde el principio, tuve la suerte de que mis padres me apoyaran para finalizar mis estudios", recuerda respecto a aquella etapa. "A los seis años me llevaron a centros de baile y, con diez, ya estaba trabajando en el circo de Miliki y Rita Irasema. Gracias al dinero que gané allí, mi madre me apuntó a la Royal Academy de Londres. Como provengo de una familia muy humilde era un doble esfuerzo y, cuando firmé mi primer contrato discográfico, con doce años, con el adelanto que me pagaron nuevamente volví a invertirlo en formación".

Ésa, y ninguna otra más banal, constituye la obsesión de esta mujer: prepararse, estudiar, alcanzar el mayor dominio posible de las distintas ramas de este trabajo que, aunque pudiera parecer lo contrario, no es su objetivo más importante. "Si vieras dónde vivo en Madrid, te sorprenderías", explica. "Estoy apartada del centro, en unas casitas bajas con un vecino que tiene hasta ovejitas. Dedicarme a este mundo al cien por cien significaría estar muy en la farándula, conociendo gente constantemente. En eso no invierto ni un minuto de mi tiempo. Me muevo durante el día, no por la noche. El que antepone su profesión a todo es quien abandona su faceta personal por realizar ciertas apariciones".

Una seriedad poco frecuente que hace que los suyos se sientan muy orgullosos de la actitud de Beatriz. "Creo que soy discreta. Después de UPA Dance llegaron ofertas de muchos tipos pero tenía claro que necesitaba reciclarme y pensar en mis siguientes pasos. No soy una persona de las que les gusta pasearse por eventos sino que prefiero organizar cosas bonitas. Tengo casi una disciplina militar para mi trabajo". Una excelente perspectiva bajo la que no tuvo inconveniente en marchar a Francia para, desde allí, comenzar de cero. "Fuimos a promocionar la serie y, aunque no tuvo el éxito de audiencia esperado, el país me encantó. Su cultura es más cuidadosa en el trato con los demás y son muy educados y eso me hizo sentirme muy identificada con ellos. Aparte, tenía oportunidad de ampliar horizontes y que esto sirviera para impartir nuevas modalidades en la escuela de danza que tengo. Al final, poquito a poco me fui introduciendo allí".

Tanto que, a día de hoy, Beatriz Luengo es un valor seguro entre las figuras de nuestros vecinos que la hicieron Disco de Oro de su anterior álbum, Mi generación, y entre los que ha vuelto a ser aclamada con unas canciones amparadas bajo el título de Carrousel. "Me enorgullece mucho que digan: "Viene de España". Al menos, que tu musicalidad tenga raíz".

Nuestra protagonista, que puede presumir de poseer la humildad de los grandes, es una conversadora excelente y, de una cuestión a otra, aborda con diligencia las diferentes facetas de su personalidad. Relacionada sentimentalmente con Yotuel Romero, líder del grupo Orishas, la suya es una pareja muy peculiar. "Él me sigue donde yo estoy", bromea. "En esta nueva era de chicas trabajadoras ya es hora de que los hombres se desplacen por nosotras". ¿Lleva ella, por tanto, el timón de mando? "Un poco sí pero también es mi momento para encarrilar mi trayectoria y él tenía que apoyarme. Debía demostrar que podía salir adelante sola". Como suelen decir: "Pequeñita, pero matona".

Reconoce que aún le quedan muchas espinitas por sacarse respecto a las posibilidades en su tierra pero… todo llegará. "Vuelvo con mucha ilusión y ganas de sembrar. De hecho empiezo con un formato acústico y gratuito. A los artistas hay que amarlos cuando les ves sin demasiados instrumentos. También pienso en muchas colaboraciones con las que me gustaría implicarme. Soy muy positiva y sé que, con paciencia, iré logrando todos mis objetivos". Feliz por haber pasado unos días en Andalucía, Beatriz Luengo continúa su largo camino promocional soñando regresar pronto a esta cuna del flamenco que tanto le apasiona y le inspira. Pronto embrujará a los franceses vestida con una bata de cola adaptada a su particular estilo. Ése con la que pretende reconquistar a sus paisanos animada por el signo de la paciencia, la constancia y el talento. Tres armas infalibles que, como antaño, le tienen reservada una victoria segura. Tiempo al tiempo.

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